Como todo lo que comienza tiene que terminar, mis vacaciones no iban a ser menos. Fín, y de vuelta a mi rutinaria vida.
Dos semanitas considerablemente buenas, para que negarlo. Bastante playa y sol en abundancia. Calor, pero no excesivo, nada comparable al recibido al llegar a Córdoba, claro que el aire acondicionado de casa es mucho mas agradable que el ruidoso ventilador que ha acompañado mis sueños durante estos días.
He de mencionar que no he cumplido alguno de los propósitos que tenía preparados para estas dos semanas, pero al fin y al cabo, son mis vacaciones, y hago lo que me place. Nada de levantarse temprano, y por lo tanto, nada de ir a correr por la orilla del mar. Evidente es que nada de estudiar.
Esto último se debe a que sí me ha dado tiempo a reflexionar, a encontrar la mejor de las opciones, y por ese camino voy a tirar. Lástima de no haberme dado cuenta antes, porque he desaprovechado un viajecito a Canterbury bastante tentador. Pero bueno, lección aprendida y mensaje enviado a mi mala cabeza, "todo lo que se presente, a tirar para adelante con ello".
Siempre he tenido bastante claro que cuando tenía que estudiar debía olvidarme de todo lo demás, y lo hacía, quizás incluso excesivamente, pero ahora estoy de vacaciones, y tengo claro que no es el momento de eso. Y sí, me las merezco, ya es hora de mirar atrás, empezar a darme cuenta de todo lo que he conseguido, y darme una palmadita en la espalda.
Los últimos días comencé a añorar todo esto, pero ahora echo de menos andar tranquilamente por la orilla, apartar la vista de las sabias páginas de un libro y ver el atardecer mientras tomo una copa y oigo romper las olas del mar.
Incluso montar en una de esas barquitas de pedales, cuyo detalle de los pedales no me preocupa, porque yo voy detrás, tomando el sol, medio dormida, porque yo soy una señora.
Buenas noches.
Pilar L. Carmona

No hay comentarios:
Publicar un comentario